Diario de a bordo, FISAHARA 2015

“La mala calidad del agua de consumo es parte de la cruz que soportan los refugiados saharauis”

El campamento de refugiados saharauis de Dajla padeció una fuerte epidemia de cólera a finales del siglo XX que obligó a cerrar todos los pozos domésticos de agua de los que se abastecía la población. Hoy, el 60% del agua llega a las familias a través de cisternas móviles semanales y el resto a través de canalización. Cada 20 familias disponen, junto a sus jaimas, de una manguera de agua con la cubrir sus necesidades, alrededor de unos 600 litros de agua a la semana por familia.

La epidemia de cólera obligó a sondear en búsqueda de nuevos pozos y así se localizó los que abastecen hoy a los campamentos. Si hasta entonces los pozos se encontraban a 2 o 3 metros de profundidad, ahora el agua se extrae a una profundidad de 76 metros. Hay muchísima agua potable pero es muy salada y cargada de fósforo lo que provoca efectos secundarios sobre la salud de los refugiados: fragilidad osea, perdida de esmalte dental…

Conversamos con Bere Sidahmed Tayeb, uno de los responsables del suministro y abastecimiento de agua en Dajla, sobre lo que supone para los refugiados saharauis disponer de este preciado bien. Además, nos cuenta también el secreto del rico té que toman a todas horas las familias saharauis: el agua con el que lo preparan sale de un pozo a 160 kilómetros de Dajla, muy cerca de Tinduf. Un agua con la que el té logra un sabor sabroso, cargadito, y que, además, por sus propiedades, necesita menos té y azúcar para su elaboración.

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