ENTREVISTAS

“Las fábricas textiles en El Salvador son como unos campos de concentración modernos”

Las bordadoras a domicilio en El Salvador son mujeres muy pobres de las zonas rurales del país, tienen responsabilidades familiares y con ese trabajo logran sus únicos y muy precarios ingresos. Una tarea, eso sí, “en la que se les va la vida”, denuncia Montserrat Arevalo, fundadora y coordinadora de la asociación feminista Mujeres Transformando. A través de la formación, de la vía jurídica y la denuncia social, Mujeres Transformando pretende visibilizar a las mujeres trabajadoras de la maquila y a las bordadoras a domicilio para generar cambios legislativos en favor del reconocimiento de sus derechos laborales.

La mayor parte de lo que producen las bordadoras a domicilio se exporta y vende en tiendas de lujo en el mercado estadounidense. Sus bordados, por los que reciben apenas 1.30 dólares, dan valor a unas prendas que pueden superar luego los 200 dólares. Para Montserrat Arevalo, “las bordadoras son el eslabón más débil de la cadena téxtil, se encuentran invisibilizadas y desvinculadas entre sí”.

Para la coordinadora de Mujeres Transformando, las maquilas son “como unos campos de concentración modernos. Alambres de puas, muros altos, vigilantes con armas largas, temperaturas altísimas en su interior, horas extras obligatorias…”. Así, denuncia que han descubierto fábricas textiles “en las que las mujeres tenían que elaborar al día 1.500 camisetas, unas 60 prendas por hora, y para lograr esa meta, las mujeres no toman agua, no salen a comer… sin contar, además, con que dentro el maltrato es constante”.

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