Diario de a bordo

Grupos fascistas atacan varias noches el campamento de personas refugiadas de la isla de Chíos

Este miércoles y jueves, de madrugada, y durante dos noches seguidas, el campamento de refugiados de la isla de Chíos, en Grecia, ha sido brutalmente atacado con piedras y fuego. El ataque empezó el miércoles con la detonación de fuegos artificiales y bengalas creando una gran confusión. Un grupo de unas 60 personas asaltó el campamento por las dos entradas, dejando a la gente encerrada e indefensa, y desde lo alto de la muralla colindante se arrojaron sobre las tiendas piedras de gran tamaño y elementos incendiarios.

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Muchas carpas y tiendas han quedado inservibles por los daños producidos por las piedras. Una de las más grandes, que alojaba a muchas familias, ha sido incendiada. Los bomberos no han acudido a pesar de las llamadas, mientras que la actuación de la policía se ha caracterizado por la agresividad indiscriminada, utilizando gases lacrimógenos y aumentando el caos. Unas cincuenta personas han sido detenidas, entre ellos tres voluntarios, dos de nacionalidad española y una británica.

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Muchas personas han resultado heridas y 5 han terminado en el hospital, entre ellas una mujer embarazada y un hombre con fractura de cráneo debido al impacto de una piedra. Los altercados tan tenido lugar de noche, mientras el campamento permanecía a oscuras por un corte en la electricidad, lo que ha aumentado la inseguridad. Detrás de estos ataques están grupos fascistas vinculados a diversas reuniones y manifestaciones de Amanecer Dorado que han tenido lugar desde el martes en lugares próximos al campamento.

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A continuación, podéis leer la carta que nos ha enviado Ainhoa Agós Díaz, voluntaria en Chios en los meses de octubre y noviembre, para denunciar estos ataques, exigir responsabilidades y reclamar solidaridad con las personas refugiadas en Chíos.

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Soy Ainhoa Agós Díaz, tengo 29 años, soy de Pamplona y soy entre otras cosas profesoras de historia, pero como estoy en paro, aproveché mi tiempo libre para irme de voluntaria a Chios, una isla griega, a 7 km de Turquía, a la que llevan muchísimo tiempo llegando refugiados.

Estuve allí durante tres semanas, con una organización procedente de San Sebastián llamada Zaporeak Proiektua (Proyecto sabores) que se dedica a dar de comer todos los días a los refugiados de un campamento establecido en la ciudad de Chios, del mismo nombre que la isla. Durante ese tiempo pude ver cómo era la situación allí (muy precaria), hice muchos amigos con los que me comunico a diario y aprendí muchas cosas sobre cómo está el tema de los refugiados en este momento en Europa, así como sobre los conflictos de los que estas personas están escapando.

La mayoría de las personas llega a Chios mediante balsas arrastradas por lanchas, tienen que pagar algo a las mafias para conseguir llegar. En este momento las islas de Grecia próximas a la costa turca son la puerta de entrada a Europa para miles de personas. Chios es una de estas islas, desde la orilla del mar puede verse la costa turca, incluso los edificios. La procedencia de estas personas es muy variada, pero en la mayoría de los casos se trata de gente que está huyendo de zonas en las que su vida corría serio peligro, como Siria, Palestina o el antiguo Kurdistán.

Desde marzo, a partir del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía (conocido como el acuerdo de la vergüenza) mediante el cual la UE paga a Turquía miles de euros para que acepten a los deportados, y se procede a deportar a todas las personas que llegan a Europa, miles de personas se han quedado varadas en la isla de Chios, sin posibilidad de avanzar hacia la Europa continental ni regresar a sus países, en los que correrían serio peligro de muerte.

Esta era la situación de la isla hasta hace pocos días. Miles de personas varadas, preguntándose por su futuro, en unas condiciones de vida que dejaban mucho que desear, viviendo en carpas, comiendo lo que nosotros les llevábamos (muy pocas organizaciones están presentes en la isla para ayudarles), pasando mucho calor en verano, frio en invierno, sin poder apenas ni lavar su ropa, sin saber qué hacer en todo el día excepto preocuparse por su futuro y por si su familia, residente en Siria o donde sea había conseguido sobrevivir un día más.

Sin embargo, esta situación que parecía no poder empeorar, se ha torcido completamente en los últimos dos días cuando grupos de entre 30 y 60 personas, identificados como fascistas y por lo que se conoce vinculados a Amanecer Dorado, han irrumpido en el campamento durante varias noches y han realizado brutales ataques. Han pegado a la gente, han quemado muchas de las carpas en las que se alojaban, han arrojado desde la altura piedras de gran tamaño destrozando muchas tiendas, carpas e instalaciones, e hiriendo a algunas personas, por suerte pocas. No me explico cómo no ha habido más heridos o incluso algún muerto. Llevan dos noches repitiéndose estos ataques, la gente está muy asustada, se siente muy insegura. Los ruidos de los cohetes y bengalas asustan muchísimo a los niños, se trata de niños que han visto caer bombas y que lloran cada vez que ven/oyen un avión volando.

Durante la primera noche acudió la policía y actuó con violencia extrema y desproporcionada, golpeando a todo el mundo, utilizando gases lacrimógenos y paralizantes, realizando hasta 50 detenciones, y no precisamente a los agresores, sino a los refugiados y a tres voluntarios, dos de nacionalidad española y otra británica. Todo esto a oscuras, ya que falló la electricidad. El campamento cuenta con una instalación eléctrica pero falla continuamente, cada cinco minutos hay apagones, y esa noche ni si quiera se llegó a encender la luz.

Ahora ya no quieren dormir allí, se sienten temerosos, no entienden que en un lugar como Europa puedan vivir crisis violentas parecidas a las de los lugares en guerra de Oriente Próximo. No sabemos qué es lo que va a pasar ahora, en la isla algunos sectores sociales rechazan plenamente el campamento, hablan de que perjudica al turismo, en una isla cuyos ingresos no proceden del turismo, pero les da igual. Solo necesitan una excusa, como los altercados, que pueden llegar a convertirse en el pretexto para poder deportar a toda la gente y negarles su derecho al asilo.

Además de todo esto, la situación no está siendo difundida en los medios de comunicación ni griegos ni internacionales. No hay conocimiento, nadie se hace responsable de lo que sucede ni toma medidas para buscar una solución. La única información con la que cuento es la que los propios refugiados, ahora amigos míos, me transmiten cuando me llaman o cuelgan imágenes, videos y testimonios en las redes sociales (recordemos que hoy en día aunque no tengas medios, con un Smartphone puedes acceder a wifi público y utilizar internet aún sin línea telefónica. Y ellos llevaron consigo sus teléfonos cuando abandonaron sus hogares).

Con este escrito lo que quiero es denunciar esta situación, que se conozca, exigir que se ponga fin a esta situación, pedir ayuda y solidaridad.

Ainhoa Agós Díaz

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