El océano de las historias

De este mundo y los otros

“Un día me enseñó a dormir como duermen los cachorros, me salvó del diluvio en un arca de luciérnagas, me hizo entender que yo también era pantera, araña, yegua”, proclama la poeta Laura Casielles (Pola de Siero, 1986), “pero un día me equivoqué y emprendí el camino hacia el mundo de la gente, donde todo es ruido”. Hay otros mundos, como bien desvela Casielles en este poema. Y tú eliges.



Mundos

Yo amaba tanto a aquel hombre y él recogía pájaros
-mirlos gorriones pájaros heridos en la ciudad-
los llevaba a casa
aprendía a curarlos
nunca les pedía que se quedaran cuando podían volver a volar de nuevo

aunque un día me contó que lo que más le preocupaba eran los murciélagos

los murciélagos sí que lo pasan mal en este mundo de mierda
se quedan mareados
se pierden
lloran.

Yo amaba tanto a aquel hombre y cuando un día le pregunté
si había tenido perro de chiquillo
me devolvió la pregunta: “¿qué es tener?
Un perro y yo nos tuvimos mutuamente durante un tiempo,
si es a eso a lo que te refieres”.

Yo amaba tanto a aquel hombre y él me explicaba
curiosas anécdotas de cebras y de osos

un día vimos juntos animales del fondo del agua
esos animales tan curiosos que casi parecen de otros planetas.

Aunque un día me contó que lo que más le preocupaba eran las abejas
las abejas sí que lo pasan mal en este mundo de mierda
andan desorientadas
no se oyen
mueren.

Yo amaba tanto a aquel hombre y él un día me contó la extraña teoría
de cómo hay un punto en la evolución en que se alcanza el lenguaje
y que los animales llegan ahí pero deciden que no
que mejor palabras no
que así empieza el daño

y un día me enseñó a dormir como duermen los cachorros
y un día me salvó del diluvio en un arca de luciérnagas
y un día me hizo entender que yo también era pantera araña yegua.

Yo amaba tanto a quel hombre pero un día me equivoqué.
Emprendí el camino hacia el mundo de la gente,
donde todo es ruido.

Ahora lo veo en todos los insectos, en todas las aguilas, en todos los peces.

Yo sé que él me ha perdonado con el suave perdón de los elefantes.
Tal vez si viviésemos tanto como las viejas tortugas
lograra algún día perdonarme yo.

Laura Casielles

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