«A Pablo Müller y a mí siempre nos ha unido el preguntarnos que pasa cuando recuerdas otros tiempos que también fueron turbios para quizás no repetirlos y poder generar un aprendizaje que nos lleve a un tiempo más revolucionario pero también tierno. Y ahí es donde resonó mucho mi poesía con la suya», cuenta la poeta y educadora social bilbaína Dafne González al hablar de su primer poemario, «Después de las raíces», publicado por la editorial LUPI y en la que Pablo ha escrito el epílogo. «El libro viene de tres preguntas que para mí fueron claves, qué es la casa, qué forma tiene y cómo se siente. Vengo de una familia en la que siempre se ha trabajado mucho desde la ternura pero siempre ha costado mucho nombrar el amor y acercarse a los otros cuerpos desde ese lugar. Y en ese sentido a mí me ayudó mucho criarme muy cerca de los animales y ver como los propios animales buscaban el calor en las otras. Y, luego, según me fui haciendo un poco más mayor fui viendo que también en el propio pueblo y en su historia eso también había existido entre muchas mujeres. Y siento que eso es algo que yo quería abordar. Tengo mucha capacidad de querer, me doy mucho en el amor sin fin. Y, a la vez, ¿qué es querer bien? Bueno, en mi práctica laboral, me dedico al acompañamiento a víctimas de violencia machista, y es una pregunta que me hago casi todos los días, constantemente, también en mi vida», añade Dafne González.
«Tengo muy presente una conversación muy recurrente que tenía con mi abuelo en la que me decía qué haríamos si un día nos faltaran las herramientas. Y él me preguntaba mucho ¿cuáles son las herramientas que tú tienes en tu vida? Y es que las cosas malas pasan, y pasan tragedias, pasa Palestina, y pasan guerras, y Trump y Ayuso, pero se trata de con que herramientas te posicionas ante la vida y cerca de qué calor decides quedarte», explica Dafne González. «Trato de habitar la vida desde una presencia común, muy sensible, lo más calmada posible», añade.





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