«La fotografía aquí ha tenido una doble importancia. Primero, la fotografía más obvia, que es la que yo he estado haciendo para documentar, atesorar, lo que nos estaba regalando el presente. Creo que la historia va muy lenta pero se acelera cuando abrimos una fosa común. Y ese ha sido un poco el papel de fotografiar, el atesorar un momento histórico fugaz», explica el fotógrafo documental y periodista Santi Donaire (Jaén, 1980) al hilo de «Punto ciego», el fotolibro en el que documenta casi ocho años de trabajo fotográfico en las exhumaciones de las fosas comunes del franquismo, sobre todo en al localidad de Paterna. «Pero luego también la fotografía ha tenido una importancia muy fuerte para la memoria de las familias. Y es que cuando se sufre el mal de las desapariciones forzosas, cuando no tenemos el cuerpo, cuando no sabemos dónde está, aquellos objetos como las fotografías, las ropas, lo que identifica y representa a la persona desaparecida, cobran un carácter mucho más relevante, se convierten casi en una especie de nicho, de tumba, a la que ir a velar. Y esas fotografías han sobrevivido generación tras generación en esa herida, en ese trauma, en centenares de familias. Entonces, me parecía también que era importante hacer un homenaje, una vez más al pasado y al presente, con los retratos de esos familiares sujetando las fotografías de sus seres queridos desaparecidos», añade Santi Donaire.
«No solo me interesa que se sepa lo que pasó, no solo me interesa preguntarnos qué hacemos con lo que pasó, con las heridas colectivas que acarreamos en el presente, sino que la fotografía creo que es una herramienta de futuro porque, a veces, en este mundo que va tan rápido y que tristemente está cogiendo unos tintes bastante oscuros, no terminamos de interiorizar o empatizar la herida humana de esos conflictos, genocidios como el de Gaza, y a veces se crean lazos de empatía, no solamente mirando referentes de guerras o catástrofes lejanas sino también con lo que nos pasó aquí», cuenta el fotoperiodista Santi Donaire. «Al final, los genocidios, los crímenes de lesa humanidad, son una cuestión de derechos humanos y si miras una fosa común en Paterna, en Hernani o en Jaén, al final es la misma estética que tendrá una fosa común en Gaza dentro de 40 o 50 años. Yo creo que la fotografía genera no solo esa empatía sino un relato desde los derechos humanos, una política de memoria colectiva para decir ‘hay que sanar todo ésto’ porque no estamos a salvo de que pueda volver a pasar. Una sociedad necesita saber qué es lo que pasó porque sino parece que normalizamos, interiorizamos, el horror. Y el horror tiene que ser algo excepcional que cuando pasa hay que señalarlo, rodearlo, blindarlo, bunquerizarlo. Y luego estudiarlo, aprenderlo, para que no vuelva a suceder», concluye el fotoperiodista jienense.
El foto libro «Punto ciego» ha recibido el Premio al mejor libro de fotografía del año (en la categoría de primera publicación) en el festival Photo España 2025. Y ha sido publicado por la editorial PHREE con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburg.




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