Océano de las historias

El cuento de la perla y la leche

La joven ha empeñado la perla y la lechera nunca saldrá de pobre viajando con desidia del cántaro a la fuente. El poeta Luis Bagué Quílez fantasea en «Vermeer S. A.» con dos de las protagonistas de los cuadros del pintor neerlandés en su último poemario, «Desde que el mundo es mundo», publicado por Visor Libros.

VERMEER S. A.

I

COMPRO ORO

La joven de la perla ha empeñado
la perla.

Gargantillas de reinas y diademas de vírgenes,
aureolas de santos y sortijas
de señoras de alcurnia,
y turbantes y piercings de pintores flamencos.

Ahora el escaparate del nuevo prestamista
anuncia su fastuosa mercancía
pregonando comprar lo que en realidad vende:
la corona de Isabel la Católica,
el collar con la B de Ana Bolena,
el anillo de pescador de almas
en la lánguida mano de un presunto Inocencio,

la perla de la joven
sin la perla…

Todo para llegar a fin de mes.

II

APOROFOBIA

Nunca saldrá de pobre la lechera
viajando con desidia del cántaro a la fuente.

Ya puede fabular con inversiones
de requesón y granja,
porque soñar es gratis,
pero pasa factura lo soñado.

Mejor dejarla ahí,
absorta y reticente,
volcada en su misión de dar sentido al cosmos.

Muchacha bodegón, mujer trabajadora
exiliada en museo.

La lechera no siente ni padece.

Luis Bagué Quílez, de «Desde que el mundo es mundo» (Visor Libros)

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