«Si dejamos de apostar a la organización y a los movimientos sociales, qué nos queda, sobre todo en nuestra región, con el avance de los gobiernos de ultraderecha, fascistas. Quiénes resisten, continúan», comenta la antropóloga argentina Patricia Lizarraga, coordinadora de proyectos en la oficina Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay) de la Fundación Rosa Luxemburgo. «Si en estos momentos no hubiese una contención de los movimientos sociales en los barrios, en los territorios, generando cooperativas para dar trabajo, comedores comunitarios para que la gente pueda comer, espacios de formación política e incluso de disputa por legislaciones o políticas públicas, en Argentina hubiese explotado todo. Los movimientos sociales son esenciales. Uno puede mirar, criticar, reflexionar en torno a sus procesos y formas de construcción, algo que se viene haciendo desde hace mucho, pero es imprescindible apostar a la organización. Y los movimientos sociales tienen un rol fundamental para transformar este sistema», añade Lizarraga, coautora también del libro «Alimento y política comunal: claves para cocinar comunidades agroalimentarias».




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